Dicen que una persona pasa la tercera parte de su vida durmiendo, una actividad (aunque suene contradictorio) que le permite al organismo recuperar su energía.
Aunque muchas veces parte de ese tiempo se pase en posiciones incómodas y en lugares inadecuados (que tal la buseta o un pequeño sofá), lo ideal es hacerlo en un seductora cama, con todo lo que ella implica: colchón, sábanas, cobijas y almohadas.
Los buenos hoteles sí que saben cómo hacer para que el momento del sueño sea todo un placer, al fin y al cabo lo que venden es comodidad y gratas sensaciones. Lo malo de ello es que hay que pagar por ese lujo, y bastante, y solo para disfrutarlo por unas pocas noches.
Pues ese placer se debería tener en la casa, donde se duerme a diario.
Están comprobados los resultados reparadores de un buen sueño, tanto para la salud (estimula, por ejemplo, el sistema inmunológico) como para la productividad laboral (se piensa mejor y se rinde más cuando se ha descansado) y la calidad de vida (el bienestar siempre se nota en las personas). Y más allá, se tiene el derecho a consentirse.
Esto lo ha ido entendiendo la industria y, de un par de años para acá, están ofreciendo al público lo que le venden a los hoteles.
"Cuando se duerme en un hotel, la promesa es pasar una excelente noche. Esto es un aspiracional para la gente, y ya lo están usando en su casa", comenta Juan Fernando Valencia, director unidad estratégica de hoteleria de Distrihogar.
En esa misma línea está colchoches Spring, la cual le propuso al diseñador Hernán Zajar crear un línea de lencería bajo el concepto de moda, así como el colchón.
"El colchón debe salir a la superficie, que sea deseo y provocación", dice Zajar.
El juego completo
Para disfrutar de esta comodidad hay que elegir los objetos adecuados.
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