Cenar, encontrar direcciones y entradas para los juegos es una travesía para turistas en los Olímpicos

Agosto 13 de 2008 -
En Pekín, donde poca gente habla otra lengua que no sea el mandarín, más vale observar, ser paciente y a veces hacer prueba de un poco de imaginación.

En un restaurante de moda en Pekín, los comensales de una mesa, con sus acreditaciones olímpicas colgadas, comienzan a estresarse. "¿La cuenta? ¿La factura? ¿Pagar? ¿Dinero?", preguntan en inglés, mientras la camarera abre los ojos sin comprender nada.

"Maidan. Es la palabra mágica que hay que retener, maidan", interviene una turista que ha ido en auxilio de los comensales.

Lincoln Johnson, de 43 años, acaba de llegar y no ha cenado. "Estaba cansado y habría querido una comida para llevar. ¿Pero cómo explicar eso? He renunciado. He comprado papas fritas y me he ido a la cama", asegura el londinense.

"Se nos había dicho que en Pekín, habían hecho esfuerzos para aprender un inglés básico en el momento de los Juegos. Pero estamos lejos de eso", afirma su compatriota Lesley Wills, en la plaza Tiananmen.

"Mi esposo es un antiguo boy-scout y nos puede orientar un poco", afirma una francesa.

Para estos franceses, que han viajado para ver a su hijo, a su yerno y a su ahijado "que están en el mismo barco, en competición de remo", Pekín es un terreno de juegos para disfrutar.

"El otro día, cenamos en un lugar donde el menú era enteramente en chino. Pedimos a la camarera que decidiera por nosotros, pero no quiso. Entonces elegimos al azar. Nos trajo cosas que no se podían comer. No llegamos a saber qué era", afirma Hubert Pelé, un francés.

En cuanto a transportes, el metro es fácil, el autobús un poco menos y en los taxis, innumerables, basta con mostrar una dirección escrita en chino.

Para encontrar una dirección, la cosa se complica más. "No sé decir nada en chino y ellos no entienden nada en inglés, entonces agito los brazos hacia una dirección para ver si es la correcta y ellos asienten o no. Eso funciona muy bien", explica el padre de un deportista holandés en competición.

Una de las contrariedades más a menudo citadas son las indicaciones inventadas para no reconocer que no se sabe la respuesta o no entienden.

"Todo el mundo quiere ayudar y a menudo nos dan una ubicación equivocada", constata la británica Irene Jones.

Pero la mayor dificultad, finalmente, está en buscar entradas para las pruebas olímpicas. "Todavía no lo hemos conseguido", afirma Fabricio Marmoraci, que lleva ropa con los colores de Brasil.

Pekín (China), con AFP.

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