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Se elaboran con el fin de proporcionar una solución económica a aquellas personas que, como consecuencia del conflicto armado o de los accidentes vehiculares, requieren cambiar sus huesos.
Los miembros del grupo, que indaga con en cerámicas y vítreos, encontraron una alternativa económica en el uso de este material en ortopedia.
Hasta el momento, "solamente aquellos que cuentan con los recursos pueden pagar por un implante importado", señala Carlos García, un monteriano que desarrolla la investigación como tesis de grado de la maestría en Ciencias con énfasis en química de nuevos materiales en la Nacional de Medellín.
Los demás deben luchar por un trasplante a través de bancos de huesos. Pero "además de escasos, tienen muchos riesgos biológicos", indica el joven de 26 años, pues son comunes las infecciones o el rechazo del cuerpo ante la nueva pieza.
Para evitar que suceda lo mismo con los fabricados a partir de espuma, los investigadores reprodujeron en el laboratorio las partículas de fosfato de calcio que revisten los huesos naturales para garantizar que al implantarlos serán asumidos por el organismo.
La obtención de ese polvillo, que a simple vista no se diferencia de la cal, se logra a través de procesos de nanotecnología que permiten la elaboración de cristales cuyas medidas se calculan en milésimas de milímetro.
Cómo se 'cocina' un hueso
Para elaborar la base del hueso, los investigadores recubren la espuma con óxidos de aluminio y circonio, en un mengurje conocido en el laboratorio como suspensión, que le aportará la resistencia al material resultante. Y esa 'receta' va al horno, donde temperaturas superiores a los 1,000 grados centígrados hacen que la espuma desaparezca.
"Pero los óxidos sobreviven y conservan la microestructura porosa", indica Carlos Paucar, investigador principal, al señalar que el resultado es un material con la resistencia de los metales y la textura de la espuma.
Para garantizar la biocompatibilidad, es decir la correcta adecuación de esa pieza en el cuerpo humano, los investigadores espolvorean el fosfato de calcio, que es finalmente el que le da al futuro hueso una apariencia externa más cercana a la real.
Por ahora, los científicos lograron dos de los tres objetivos que se plantearon al iniciar: alcanzar una estructura porosa que permita el paso de los fluídos coroporales y que al mismo tiempo tuviera las mismas propiedades mecánicas de los huesos. Este último, incluso, lo consiguieron por encima de las expectativas que tenían, pues los óxidos aplicados resultaron darle al nuevo material una resistencia dos veces superior a la de las formaciones óseas naturales.
Lo que resta entonces es demostrar que este sustituto es biocompatible con el cuerpo. Para ello, los investigadores realizan varias pruebas. La primera consiste en poner al implante artificial en contacto con un líquido que simula los fluidos humanos. Lo que sucede cuando se hace un implante real es que sobre el hueso comienzan a crecer capas de tejido óseo. Si lo mismo ocurre con el desarrollado en el laboratorio, quiere decir que se ha tenido éxito.
Pruebas
En el proceso de experimentación hace falta probar los huesos en animales y posteriormente realizar los primeros ensayos en humanos.
En esta parte de verificación es en la que están actualmente los investigadores del grupo, que confían tener próximamente su producto en el mercado.
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