El miedo es inherente al ser humano. Es un mecanismo de supervivencia. Un olor, una imagen o un sonido pueden desencadenarlo. Algunos son creados por la mente; otros se transmiten culturalmente.
Los temores y sus diferentes picos o intensidades son normales. "Algunos se desarrollan por experiencias traumáticas, otros por observar a un niño o adulto actuar con miedo frente a una situación particular, mientras que otros no parecen tener un origen claro", explica la sicóloga Paula Bernal, especialista en desarrollo infantil.
Se habla, incluso, de temores que se transmiten en la gestación (como el miedo a la muerte) y otros que nacen en la familia -padres que en la infancia tuvieron aversiones específicas a ciertas cosas o situaciones-.
El miedo -dice- puede hacer que un niño tema dormir solo por los monstruos del closet o por la oscuridad. "En los infantes, los miedos están asociados con frecuencia a la negación y el malestar y, al sentirlos, suelen presentar incremento del ritmo cardiaco, malestar estomacal, manos sudorosas o temblor.
Los investigadores han encontrado que es normal que algunos temores aparezcan en momentos específicos del desarrollo y que luego desaparezcan de manera natural", indica la sicóloga Paula Bernal.
La mayoría de los miedos normales durante la infancia se supera con amor, apoyo y reforzamiento de la auto-estima del niño.
¿Cómo tratar los miedos?
Conocer su origen es clave para poderlos trabajar. Hay que revisar, por ejemplo, qué situaciones en la casa o el colegio podrían producirlos, pues muchas veces los miedos a la 'oscuridad', comenta Paula Bernal, son un temor a la separación o el abandono.
"En algunos casos, detrás de un miedo hay uno más grande. Uno de mis pacientes, por ejemplo, tenía miedo a dormir solo y encontramos que al menor realmente le asustaba el hecho de que mamá y papá durmieran juntos, pues él es una persona de mal carácter y temía que le hiciera daño a ella. Por eso, su mente decidió crear monstruos para estar en medio de los dos", cuenta la sicóloga Liliana Arias, especialista en desarrollo humano.
Cuando las relaciones familiares se alteran, las emociones de los niños también se afectan. El miedo, entonces, puede aparecer como una forma de llamar la atención y hacer que los padres estén juntos y dejen de pelear. "Es clave prestarles atención en diferentes momentos y no solo cuando manifiestan sentir miedo; esto para evitar que sea un forma de llamar la atención", agrega Bernal.
Clases de medios
Algunos estudios demuestran que alrededor del 90 por ciento de los niños entre 2 y 14 años ha tenido por lo menos un miedo específico.Aunque los temores son individuales, se pueden identificar algunos por edades.
¿Cómo actuar cuando hay miedos?
Las especialistas aseguran que el miedo tiene un ciclo: aparece un evento desencadenante, la mente lo trabaja y el cuerpo lo materializa en una respuesta fisiológica (escalofrío, palpitaciones o agitación de la respiración). Ante estos indicios lo mejor es:
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