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En estos sitios, además de bombones y trufas, se puede disfrutar de la bebida y toda la gama en pastelería, repostería y hasta pizza.
A los cafés uno ya sabe a qué va: a tomar alguna bebida con base en este grano, a comer alguna cosita, a conversar -si se va acompañado- o a leer o trabajar en algo.
En un salón de té pasa más o menos lo mismo, aunque la bebida, se supone, debe ser el té, aunque también hay otras ofertas en la carta como sucede en los cafés.
Y a una chocolatería generalmente se va a... comparar bombones y trufas para regalar a algún conocido que está enfermo, cumple años, por agradecimiento, a quién se quiere conquistar o cualquier otra motivo, porque motivos es lo que siempre hay.
Entonces, ¿cómo se llama el sitio al que uno va a tomar chocolate y a comer cosas relacionadas con este producto sentado en una mesa igual que en un café o en un salón de té?
La pregunta surge ante los nuevos sitios que han abierto en Bogotá a los que se puede ir a disfrutar de este "manjar de dioses" en todas las versiones posibles, incluyendo pizza, por ejemplo. Sin embargo, ni sus propios dueños saben cómo llamarlos. Lo cierto es que, aunque también son chocolatería, van más allá.
"Cuando íbamos a abrir nos preguntamos qué es esto", cuenta Ana María Mini de Coti cacao & chocolate. "Al final decidimos denominarlo como un chocolate lounge porque tiene la posibilidad de los sofás y el ambiente agradable".
Para Giovanna Lorenzini, la gerente de Vietato Il cioccolato, es una tienda de chocolate.
Las dos creadoras de estos sitios, sin embargo, tienen una idea en común: son un lugar dónde darse un gusto. "Uno siempre compra bombones para regalar, estos sitios son para consentirse uno mismo", dice Lorenzini, quien conoció esta tendencia en Europa.
En cambio Mini la vio en Nueva York y dice que "es crear una experiencia de chocolate, como la experiencia de café en Juan Valdez".
El lugar
Parte del atractivo de Coti y Vietato es que el visitante puede ver cómo se prepara el chocolate porque los dos lugares cuentan con una cocina abierta, que es exigente por aquello de mantenerla limpia y ordena, pero que también es un espectáculo porque el trabajo es totalmente artesanal y se puede ver cuando se templa el chocolate, una parte importantísima del proceso de preparación.
"El chocolate termina en todas partes, pero es bonito verlo derretido, en movimiento y los olores que salen son ricos. Es una experiencia para todos los sentidos: mirar, oler, saborear y sentir el chocolate mientras conversas o descansas", dice Ana María Mini, de Coti.
"Es un placer ver el trabajo porque todo se hace a mano. El chocolate hay que templarlo, es decir, ir bajándole la temperatura sobre una barra de granito para luego poderlo moldear", comenta Giovanna Lorenzini, de Vietato, quien trabaja cochocolate colombiano, mientras que Mini lo hace con cacaos venezolanos y blegas.
La carta
Con Vietato, Giovana casi que le está rindiendo un homejane a su abuelo parterno, un italiano que llegó en Tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Era panadero y quiso seguir con su negocio en Colombia, pero el pan no le crecía por la altura de Bogotá.
De ahí que todos los nombres de los productos sean intaliano, como el Fiume, un musse de chocolate que lleva el nombre del pueblo de su abuelo, o Abazia, una torta de banano con chocolate, que lleva el nombre del pueblo donde nació la abuela.
Por su parte, Ana María Mini le dio rienda suelta a lo que empezó con un poco de curiosidad. Ún día compró un libro y se puso a hacer chocolates, le gustó y comenzó a tomar cursos, hasta que montó su negocio.
Como en los cafés y en los salones de té, en estas chocolaterías la carta ofrece repostería, galletería y bombonería, pero también café, jugos y platos de sal. Pero como la especialidad es el chocolate, hay gran variedad: desde el tradicional chocolate santafereño hasta sopa de chocolate o bombones de queso azul y aceitunas negras.
Bebida saludable
Según la mitología tolteca, entre todas las plantas que existían en el paraíso, la preferida era el árbol de cacao o 'cacahuaquahitl'. Esta planta era guardada celosamente por los dioses porque de ella se obtenía una bebida que solo estaba destinada para su propio deleite.
Los mayas fueron los verdaderos artífices del chocolate, así como los Aztecas informaron a los cronistas españoles y les dijeron para qué era útil: lo ingerían para dar vigor al corazón, para curar enfermedades de la orina, para la gente que no podía comer y como afrodisíaco.
Estas historias están contadas en el libro 'El chocolate' de la Compañía Nacional de Chocolates, que además reúne varios estudios en los que se habla de las propiedades saludables que tiene el chocolate. Así como hay estudios que hablan en contra, hay otros a favor.
"El papel fundamental de la alimentación es proveer una cantidad adecuada de nutrientes y fitoquímicos bioactivos para garantizar las funciones metabólicas y contribuir a reducir o retardar el desarrollo de enfermedades crónicas no trasmisibles como las cardiovasulares, el cáncer y otras relacionadas con el envejecimiento. Además, los alimentos deben generar placer para proveer así un equilibrio físico y mental", dice el libro.
Y menciona propiedades del chocolate en estos aspectos, gracias a sus componentes como la fibra, los fitoesteroles, los polifonoles y los minerales.
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