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Según Pablo Londoño, socio de CT Partners, si alguno falla, vienen los problemas. Un tema fundamental a nivel vocacional es identificar si estos funciona conjuntamente en todos los aspectos.
"No importa el momento en el que uno se dé cuenta, pero entre más temprano mejor", dice.
Hay que identificar primero el talento y la pasión y ver qué tipo de carrera en la práctica es la que sirve para hacer modificaciones, así tenga que hacer un sacrificio inicial salarial, en principio.
"Es difícil que una persona consiga de una vez el empleo que soñó. Eso tiene un costo de corto plazo, pero va a ganar felicidad y cuando los resultados son buenos, empieza a notarse en la organización", dice Londoño.
Según el experto, existen pruebas para mirar estilos gerenciales, vocaciones que permiten interiorizar si la persona es feliz con lo que está haciendo y le permite alinearse.
Lo preocupante del caso es que en ese proceso el consultor se ha encontrado con que el 70 por ciento la gente, inclusive en niveles gerenciales no está contenta con lo que hace.
Lo común es que se cometen dos errores: la gente entra a mirar su carrera son tener decidida su vocación y el otro es que piensa más en la carrera que en el oficio. Y luego no tiene cómo elegir dónde va a trabajar.
Por su parte, el consultor asociado en couching de Altos Ejecutivos, Rodrigo Cid, sostiene que los 42 años que ha trabajado en empresas ha encontrado que la mayoría de la gente va encontrando su ubicación por azares de la vida, pero más del 60 por ciento trabaja porque es donde logró ubicarse y no en lo que le gusta.
"En un mercado como el nuestro muchos pueden acomodarse en lo que tienen, pero no es lo común. Es probable que los altos ejecutivos vivan satisfechos con sus cargos y sus roles, pero los mandos medios y de ahí para abajo hace lo que le toca y en eso tiene que ver el desempleo.
Un caso
Gonzalo Mallarino. El escritor, administrador de empresas y máster en economía tiene una oficina en el segundo piso del Gimnasio Moderno, un espacio amplio y luminoso desde donde se inspira. Sin embargo, hace 15 años no se había imaginado las vueltas que daría la vida y de qué manera sabría que eso era lo que deseaba, cuenta Milena Clavijo en su libro.
A los 30 años, hoy tiene 49, estaba en la presidencia de una entidad del sector financiero, que hacía leasing y financiamiento comercial. Había logrado que la entidad diera buenos resultados, pero esa hazaña involucró cambios y decisiones como reducir personal, lo que consideraba una canallada y algo inhumano.
Luego de varias crisis llegó al colegio y lo que no recibía en dinero lo ganaba en paz y tranquilidad. Volvió a escribir, una disciplina que dice que lo libera.
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