"Tampoco es raro tener constantemente tos, ardor en los ojos, congestión nasal, agotamiento, rinitis, fatiga, dolor de cabeza, dificultad para concentrarse, mareos, insomnio, dolor de piernas y otra serie de síntomas asociados a la contaminación atmosférica. Lo soportamos -y peor aún- nos acostumbramos a convivir con una pandemia silenciosa propia de las metrópolis contaminadas", señala Adriana Cuevas, directora de Ingeniería Ambiental de la Universidad Manuela Beltrán.
Como resultado de una investigación de campo de la UMB se confirma que esta sintomatología se da por el incremento sustancias tóxicas en el aire, emitidas en gran parte por los buses de servicio público, camiones de carga, motocicletas con motores de dos tiempos y fábricas con emisiones contaminantes.
"Cuando se comparan las diferentes sustancias tóxicas en los niveles típicos de un centro urbano, es mucho más peligroso el material particulado que los demás contaminantes. De hecho la principal causa de mortalidad infantil en Bogotá es la enfermedad respiratoria aguda", añade Cuevas.
Por ejemplo, en Bogotá, (catalogada como una de las 20 ciudades más contaminadas del mundo), basta con lavar las cortinas para darnos cuenta de que cada vez el agua de enjuague sale más negra.
Para el ingeniero Édgar Camilo Luengas, docente de Gestión del recurso atmosférico, "la norma establece que el límite es de 180 partículas, sin embargo las mediciones arrojan que la concentración de hollín y polvo fluctúa entre 190 y 236".
Precisamente la toxicóloga Andrea Vargas indica que "la contaminación bogotana está causando trastornos en el desarrollo cerebral de los menores".
"Se puede estar generando autismo, bajo índice de inteligencia, parálisis y desórdenes de atención, entre otras, porque la combustión del diesel induce una respuesta de estrés en la actividad cerebral. Lo malo es que el daño ocasionado por cada químico tóxico no se refleja de forma evidente en las estadísticas de salud disponibles", agrega.
Frente a esta problemática que va en incremento, es vital determinar cuál es la calidad del aire de hogares y oficinas. La pregunta de rigor es ¿se siente mejor cuando se encuentra en casa o en la oficina?
Cuando la respuesta es negativa, lo mejor es revisar pues quizás el aire que respira a diario y por varias horas consecutivas no es tan saludable.
"Se requiere que la calidad del aire interior le permita al organismo recuperarse de las horas en que se ha respirado el aire pesado de la ciudad. Si las personas se mantienen dentro de un ambiente cerrado, y escasamente ventilado, el problema se agrava", indica Cuevas.
Algunas señales de alerta son los olores extraños o rancios, la falta de corrientes de aire, la calefacción central o aire acondicionado sucio o defectuoso, la humedad excesiva y el moho. La señal más determinante es sentir que la salud mejora fuera del inmueble.
Para mejorar el aire
La principal recomendación es ventilar bien los espacios y, en caso de estar sobre una calle de alto tráfico, evitar abrir las ventanas en las horas de mayor tráfico (ojalá sólo entre 5 y 9 a.m.).
También es importante evitar la madera tratada con químicos, especialmente con arsénico, y mantener en empaques herméticos solventes como bencina blanca, parafina, alcohol de quemar, amoniaco, aceite de máquina, etc.
No se puede olvidar que algunos de los materiales utilizados para remodelar también son contaminantes como pinturas, acabados, pegantes, ceras y limpiadores. Todos contienen químicos como petróleo destilado, alcoholes minerales, solventes tratados con cloro, tetracloruro de carbono, cloruro de metileno, tricloroetano, tolueno y formaldehído o formol.
Incrementar las zonas vedes, o las plantas ayuda a purificar el aire. Los filtros de aire deben mantenerse limpios, sin importar qué sistema de ventilación o calefacción se maneje, para evitar las partículas de polvo y los pelos de animal al mismo tiempo que se impide la formación de bacterias y hongos.
Se debe impedir que los fumadores lo hagan en recintos cerrados o bajo techos. Si van a hacerlo es mejor que sea en el exterior.
Diesel, un riesgo
Se calcula que entre el 60 y 70 por ciento del hollín (fracción más fina del material particulado) es emitido por fuentes móviles como el transporte público pesado que usa diesel de mala calidad y con alto contenido de azufre - que es el combustible de TransMilenio-.
"El diesel sería un combustible óptimo si no tuviera azufre; además están la sobresaturación del parque automotor deteriorado y los 'trancones' que ocasionan que (a menor velocidad) los motores emitán más hollín", dice Adriana Cuevas.
"Si lográramos que el Gobierno y Ecopetrol se concientizaran de este problema de salud pública y mejoraran la calidad del diesel, en menos de una semana la contaminación se reduciría en un 40 por ciento. Pero infortunadamente son más importantes los intereses económicos y es aquí donde se desequilibra la balanza", enfatiza.