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"Generalmente, no sabe cómo afrontarlo (el papá), lo cual hace que no pueda aceptar adecuadamente a su pareja y al bebé recién llegado", explica la sicóloga Gloria Casas.
De presentarse esta situación, es la mujer la que debe determinar si es necesario consultar a un especialista o si su pareja requiere solamente de más tiempo que ella para acostumbrarse a la nueva experiencia.
En ese sentido, ella debe tener en cuenta que "el rechazo tiene diferentes grados o intensidades; es decir, el padre puede manifestar sutilmente su incomodidad y extrañeza por el bebé o hacer evidente su rechazo ignorándolo abiertamente, evitando cualquier contacto y cercanía con él y tornándose exigente y crítico con la madre", asegura Olga Susana Otero, sicoterapeuta de pareja y familia.
Sin embargo, hay señales de alarma, que requieren la intervención pronta de un especialista, como por ejemplo, que el padre ponga en riesgo al bebé, de alguna manera cuando se le encomienda una tarea.
Igualmente, que se irrite y grite al bebé o a la madre porque el pequeño llora y ella todavía no sabe cómo calmarlo, o cuando, por el contrario, no dice nada sino que simplemente decide salirse o dormir en otra habitación, en la que nada lo perturbe.
Ahora bien, si la incomodidadad por la presencia del pequeño no es tan fuerte, basta con darle tiempo.
"Si son padres primerizos, es normal la extrañeza y la ansiedad del hombre, pues es necesario un proceso de aprendizaje del nuevo rol y, además, no se espera que el instinto paterno aparezca al mismo tiempo que el materno", comenta la doctora Otero.
El diálogo de la pareja también contribuye significativamente a mejorar esta situación. "Si los canales de comunicación están abiertos, es posible que la mujer le explique y le haga entender que su función principal, en relación entre madre y bebé, es la de favorecer esa unión tan particular que se da entre ambos y tolerar, respetar, entender y aceptar los sentimientos de tristeza, depresión y ansiedad que perduran en ella durante algunas semanas después del parto.
Celos, el factor esencial
Aunque no lo admita abiertamente, el hombre se siente muy afectado por el proceso de gestación de su compañera, puesto que "cuando una pareja se embaraza, el vínculo entre madre e hijo toma mayor relevancia en el proceso de embarazo, parto y nacimiento", comenta Casas. Y aunque el hombre empieza un proceso de preparación para la paternidad, este nuevo papel le genera sentimientos ambivalentes.
"Por un lado, hay un profundo orgullo por el logro de ser padre, pero esa emoción está ligada también a una intensa ansiedad, a la posibilidad de desplazamiento y de perder el afecto de su compañera; lo que, por supuesto, genera celos en el hombre", sostiene la doctora Casas.
Para él también resulta muy confusa esta situación, pues siente que, de alguna manera, está compitiendo con el bebé por la atención y el afecto de su mujer; pero no se atreve a decirlo, porque de hacerlo, cree que podría verse ante ella como una persona inmadura. Por esto, generalmente, se refugia en su trabajo para reafirmar su autoestima.
Apoyo femenino
Aunque después del parto las nuevas madres pasan por un momento confuso, y son ellas las que más necesitan de la comprensión de sus parejas, no pueden olvidar que con su esposo deben ser un equipo para su hijo, que necesita de un hogar para crecer feliz.
Por esto, si ellos llegan a rechazar al recién nacido, es necesario que ellas no permitan que esta situación llegue a niveles extremos y procuren que ellos no se sientan desplazados, repartiendo su tiempo de la mejor manera entre su pequeño y su pareja.
Es fundamental que ellas sean tolerantes con los errores que él comete al participar en los cuidados del hijo, que comprendan que si él actúa con torpeza, no es por falta de interés o de amor y que él también necesita apoyo afectivo de ella.
Cómo iniciar el contacto
Es necesario que la relación entre padre e hijo se inicie desde la gestación.
Por ejemplo, es favorable que él acaricie la barriga de la madre, le hable, cante y lea un cuento.
Los hombres no deben esperar que los inviten a hacer parte de la crianza de su hijo, sino que tienen que tomar la iniciativa de ofrecer su ayuda para los quehaceres generales.
No deben tener miedo de cargar y alimentar a su hijo, pues su respiración y su calor le transmiten afecto y seguridad al pequeño.
A medida que van pasando los días, los papás pueden ayudar a crear rutinas y a fijar normas y pautas de crianza con la madre y los hijos.
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