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La Injusticia Social Como Amenaza Del Campo

Sin embargo, el crecimiento del sector y las contribuciones que puede brindarle a Colombia, no puede ni debe estar desligado de las garantías que el Gobierno, las entidades y los empresarios están obligados a ofrecer a los campesinos, como principales protagonistas de dichas proyecciones.

En este sentido, aún cuando el campo colombiano sea fuente de riqueza para el país, es necesario trabajar en el mejoramiento de las condiciones laborales y de justicia social de las personas que lo habitan.

Paradójicamente, los campesinos -responsables en gran medida de la productividad del agro- se encuentran en la mayoría de los casos desprovistos de garantías en materia laboral y jurídica.

Es común encontrar en diversas regiones rurales que el conocimiento, entrega, dedicación, profesionalismo y compromiso con los que ejercen diariamente sus funciones, no son debidamente compensados ni mucho menos ajustados a las normas laborales, a las políticas de seguridad social ni a un proceso en el que se les legitime como mano de obra digna y merecedora de respeto.

Tal parece que nos quedamos sumidos en nefastas costumbres del feudalismo, que nos dejaron como herencia la errada concepción de que el campesino es símbolo de una mano de obra buena, barata, ignorante y poco exigente; que permite a su patrón obtener mejores logros en su negocio, sin necesidad de invertir mucho dinero en su desarrollo. Famosos términos técnicos comunes en el lenguaje empresarial de la ciudad, asociados a la consecución de mejores empleados como ‘formación’, ‘escala salarial’, ‘planes de carrera’, ‘desarrollo de competencias’, entre otros; son desconocidos cuando del trabajador agrario se trata.

Y gran parte de lo que ha llevado a esta brecha desproporcionada entre las condiciones laborales de la ciudad y las del campo, radica en la falta de acceso en el sector rural a garantías de justicia social y laboral.

El campesino no solo aprendió de sus ancestros el profundo amor por la tierra, sino la humilde conducta de servir incondicionalmente a sus patrones. La relación de trabajo se basaba en la confianza mutua, en el inquebrantable valor que tenía la palabra como garantía de honor y honra a un compromiso establecido de mutuo progreso.

Pero hoy, cuando las condiciones sociales han cambiado, cuando algunos valores morales se han invertido y cuando la necesidad del progreso no depende solo del Estado, sino de la sociedad, es cuando los líderes y jefes de todas las empresas del sector agropecuario tienen una responsabilidad mayor con los seres humanos que dirigen. Su acceso a salud, pensiones, cesantías, primas y vacaciones, no deberían ser consideradas una alternativa sino un derecho inviolable.

Así mismo, sus derechos a un trato digno, oportunidades de aprendizaje y crecimiento, orientación profesional, acceso a las normas laborales, mejoramiento en la calidad de vida de su núcleo familiar y protección, son responsabilidades que deben conllevar al empresario del campo a concientizarse sobre el impacto que tiene en el desarrollo de su negocio y del sector en el que sea responsable como patrón.

El compromiso se hace aún mayor con quienes todavía gozan de la posibilidad de habitar sus zonas y trabajar dignamente en alguna actividad agropecuaria, si se tienen en cuenta las altas cifras de impunidad, desplazamiento por violencia y desempleo rural, indicador que ya alcanza un 7,8 por ciento frente a una tasa de desempleo nacional de 12,1 por ciento, según el Dane.

Dicen los expertos que sin campo no hay ciudad, pues el abastecimiento depende en gran medida del sector rural. No obstante, la pregunta de fondo que debe cuestionarnos es: ¿Habrá campo sin justicia social? Quizás no, por mucho tiempo.

Juan Santiago Vélez Hernández. Director Ejecutivo Asocebú El crecimiento del sector y las contribuciones que puede brindarle a Colombia, no puede ni debe estar desligado de las garantías que el Gobierno, las entidades y los empresarios están obligados a ofrecer a los campesinos.

Es común encontrar en diversas regiones rurales que el conocimiento, entrega, dedicación, profesionalismo y compromiso con los que ejercen diariamente sus funciones, no son debidamente compensados ni mucho menos ajustados a las normas laborales.”

Publicación
portafolio.com.co
Sección
Economía
Fecha de publicación
8 de octubre de 2008
Autor

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