El próximo 9 de noviembre se festejará por todo lo alto el aniversario de los 20 años de la caída del infame Muro de Berlín, que partió entonces el alma de Alemania. El 'Festival de la Libertad' constituye el punto culminante del hecho más importante de la historia moderna de la construcción de Europa, en el cual mil piezas gigantes de espuma en forma de dominó se tropiezan las unas contra las otras hasta quedar todas en el suelo.
Adam Michnik, editor del diario Gazeta Wyborcza de Varsovia, nos recuerda en el semanario alemán 'Der Spiegel' que 1989 podría ser considerado un annus mirabilis, que se caracterizó por una serie de extraordinarios eventos que desembocaron en el desplome del Muro de 140 kilómetros de largo que separaba a los berlineses desde la emblemática Puerta de Brandeburgo construida en el Siglo XVIII en maravilloso estilo neoclásico.
El alzamiento del Muro de Berlín se gestó por orden del premier soviético, Nikita Khruschev, al amparo cómplice de la oscuridad, a la medianoche del aciago 13 de agosto de 1961. A la mañana siguiente, la frontera con Alemania del Oeste estaba cerrada por ominosas cercas de alambre, que serían luego reforzadas por gruesas paredes de concreto que durante 28 años amputaron las vías de comunicación de la ciudad, las vidas y el patrimonio de millones de berlineses.
El origen del desplome del Muro de Berlín se explica por la confluencia de cuatro hechos distintos que revelan la cadena de eventos de aquella época, en plena Guerra Fría, que a la postre predispusieron la reunificación de Alemania. La visión rusa tiene a Mikhail Gorbachov como su principal protagonista, quien desde el momento mismo en que se convirtió en secretario del Partido Comunista soviético en 1985, promovió, por medio del glasnost y la perestroika, ambiciosas reformas del sistema económico y social de la Unión Soviética, e incluso del orden político en otros países del bloque soviético, particularmente en Polonia y Hungría.
La perspectiva del Vaticano y la decisiva acción del Papa Juan Pablo II fue confirmada por Gorbachov mismo, quien expresó alguna vez que "la caída de la cortina de hierro hubiera sido imposible sin la participación del Papa", dada su reiterada crítica contra el comunismo y su decidido apoyo a la clase trabajadora en Polonia.
La participación de Europa del Este es igualmente notable. La clase dirigente reformista en Hungría, liderada por el primer ministro Miklos Nemeth, permitió la demolición de la frontera con Austria en mayo de 1989, lo que facilitó la fuga masiva de alemanes del Este a su añorada tierra natal (deutsche Vaterland).
Sobresale igualmente el papel catalizador del sindicato Solidaridad, fundado en 1980 en los astilleros de Gdansk, Polonia, liderado por Lech Walesa, quien con el apoyo de la Iglesia Católica promovió las elecciones en agosto de ese año, y con ello, el gradual derrumbe del comunismo polaco y de la tentación totalitaria que ahogaba la democracia en Europa del Este.
Como decía el Papa Juan Pablo II, "Europa debe respirar con sus dos pulmones". El desmoronamiento del Muro de Berlín hizo el milagro.
aespinosa@minagricultura.gov.co
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